La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús

La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús

Consagración 8/12/20

CONSAGRACIÓN 08-12-2020

Hora 17:30

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Consagración VDCJ a la Virgen 8 de diciembre de 2020  (Inmaculada Concepción)

Voy a contar un cuentecito… mejor dicho ¡una historia!, algo que ocurrió tal cual os la voy a narrar.

Antes de los antes, cuando todavía ni tú ni yo habíamos nacido, ni nuestros padres, vamos ni los santos Adán y Eva habían nacido todavía, pues se encontraban: Dios Padre Creador, Dios Hijo Redentor y Dios Espíritu Santo Santificador hablando sobre el infinito Amor que emanaba de sus Sacratísimos Corazones, y determinaron que querían compartirlo con unas criaturas que fueran semejantes a ellos.
Para esto debían crear una Madre que contuviera y pudieran depositar en Ella todo aquello que los hiciera semejantes: Belleza, Amor, Humildad, etc. Y así crearon una criatura excelsa: La Virgen María.

Y cuando estuvo creada la vieron tan humilde, tan bella y los amaba tanto que quedaron prendidos de Ella; la hicieron depositaria de todas las Gracias y la coronaron como Emperatriz del Universo: de todo lo creado, visible e invisible.

Ahora había que ponerla bajo la custodia de un pueblo que la protegiera y la venerase como Ella se merece. Y se determinó que fueran las distintas razas y pueblos a quienes, por sus méritos, se le concediera dicho honor.

Se enviaron apóstoles por todo el mundo para anunciar la buena nueva… y a ver cómo respondían. Al pobre Santiago le tocó Hispania. Una raza de gentes de dura cerviz, pero de enorme corazón. Desolado estuvo a punto de tirar la toalla, y tuvo que venir la Madre en persona para decirle: “ánimo Santi, conozco el corazón de estas gentes, sé que merecen la pena, vamos… un poquito más y ya verás lo que conseguirás de ellos”
Y así fue. Desde lo más profundo de la Península Ibérica surgió una raza: hombres y mujeres de todas las edades y condiciones; desde Cantabria hasta la Bética, desde el Levante hasta el Poniente… civiles, militares y sacerdotes (casullas azul cielo desde 1864)
Desde los tiempos de Santiago el apóstol, el pueblo español peleó por Ti y por tu Hijo contra romanos, moros, herejes, comunismos y todo lo que se nos ponía por delante. Llevamos el nombre de la cristiandad por Europa, América, Asia África y Australia y hasta el Polo Norte, dejando en el camino sangre, sudor y lágrimas.

En 1854 se proclamó el dogma de tu Concepción Inmaculado. Pero ya en 1760 te consagramos Virgen Inmaculada como Reina de España, las Indias y todos sus reinos, ¡ah! pero en 1585 con el milagro de Empel se te proclamó patrona de los Tercios de Flandes, hoy nuestra fiel Infantería… ¡ah! Pero si remontamos varios siglos, podremos ver como el pueblo español veneraba y defendía a nuestra Madre como Virgen y como Inmaculada desde el púlpito, con la espada y en el corazón del hogar.

De todos los piropos que te decimos en las diversas letanías, sobre todo en las lauretanas, no sabemos cual es la que más te gustará: ¿Madre del Salvador? ¿Reina de los Ángeles? ¿Reina de las familias… o de la Paz?… no lo sé, pero queremos decirte cual es el título que más nos gusta a nosotros decirte a Ti: Mamá. Sí, Mamá, ese fue el designio de Dios: que fueras Madre de Dios y Madre nuestra. Y a nosotros nos encanta llamarte así.
Hoy, Mamá, nos sentimos herederos de nuestra raza y de todos los pueblos cristianos y hoy, aquí, un puñadito insignificante de mujeres y hombres acudimos a tu presencia, con el corazón abierto y el alma en un puño, para presentarte nuestra consagración: nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestra Vida Eterna. Para que -como Tú dijiste una vez-: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra, así nosotros venimos a decirte: He aquí los esclavos de la Esclava del Señor, hágase en nosotros lo que Tú quieras, cuando Tú quieras y como Tú quieras.
Mamá, venimos a ponernos en Tus manos para ser santos como Dios quiere que seamos santos, y ayudarte a que nuestras familias, nuestros seres queridos, la cristiandad y toda la humanidad vuelvan sus pasos hacia tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Rey de reyes y Señor de Señores.
Virgen Inmaculada María, venimos a pedirte tu ayuda, como Madre y como intercesora ante Jesús, para que nos ayudes en esta etapa de nuestra vida.

¡Viva la Virgen Inmaculada!

¡Viva la Madre de Dios!

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