La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús

La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús

Primera Instrucción: conversión y esperanza

Primera Instrucción: conversión y esperanza

El 19 de diciembre de 2019, la Virgen nos daba un mensaje de esperanza y nos anunciaba la Segunda Venida de Jesús, pero para ello, el mundo debe estar preparado.

¿Están preparados? ¿Estáis preparados? 

Esta llamada a nivel particular, mete el dedo en la llaga:

Es momento de enderezar las sendas y hacer un cambio personal hacia la conversión

La Virgen nos lanzaba las siguientes preguntas:

“¿No estáis más bien preocupados de todas las materialidades?

¿Habéis hecho un cambio de corazón?

¿Es vuestro corazón un corazón pesimista que no vive la Alegría de su Nacimiento y su Venida?

¿Es vuestro corazón un corazón que nada en el rencor sin arrancárselo de sí, que recuerda continuamente las afrentas del hermano, que no perdona, no ama y no devuelve bien por mal?

¿Es vuestra vida una vida ociosa, que se dedica a pensar en sí mismo y no trabaja para acercar el Reino de Dios a las gentes?” [1]

Vivimos en una sociedad dominada por lo material: el mundo, el demonio y la carne. La comodidad, el bienestar, la búsqueda del placer inmediato y todos los reclamos “publicitarios” que recibimos a diario por los medios de comunicación, las relaciones interpersonales, la ideología dominante, hacen que los católicos estemos adormecidos, abotargados, convirtiéndose nuestra religión en un mero “añadido” a nuestra vida, que debemos combinar con el mundo, haciendo auténticos ejercicios malabares para terminar finalmente en una apostasía (en mayor o menor grado), porque el Evangelio no admite dudas: Mt 6,24: “No podéis servir a Dios y a Mamoná”,[2] porque si intentamos hacer equilibrios entre Dios y el mundo para contentar a todos, se acaba relegando a Dios al cuarto oscuro, tal y como nos reprochaba Jesús en su mensaje del 14 de junio de 2002:

“Dejad de ofrendar a vuestro Dios las porquerías, lo que nadie quiere, y a “mamoná” los dones verdaderos, las dádivas amorosas, los frutos del amor.”

La Virgen nos lo dijo claramente: para que el mundo cambie, debemos cambiar nosotros primero, los que decimos “seguir” a Jesús, los que conocemos los mensajes, los que creemos que Dios se está revelando a su pueblo en estos últimos tiempos. La Virgen nos necesita:

 “Queridos, tenéis que convertiros, y convertiros primeramente vosotros, que sois los que estáis Conmigo y con Jesús, y sois los que buscáis mis Palabras. Si no las buscáis para convertiros, decidme para qué las buscáis.

El cambio de los corazones del mundo pasa por un cambio primero de vuestros corazones.

Cuando el mundo vea cómo os habéis convertido y el amor que emana de vosotros, querrá igualmente buscar conversión. No antes. No antes.

Si no les lleváis vosotros el anuncio del Enmanuel entre vosotros, decidme quién lo hará.

Y si no lo conocen, no podrán convertirse.

Y si no se convierten, no podrá venir a vosotros el Reino de Dios.

Es tiempo de conversión.

Es tiempo de preparar su Venida.

Es tiempo de preparar los corazones, empezando por el propio vuestro.

Es tiempo de anunciar al mundo la Salvación.

Así podrá venir a Reinar. No antes.

Os necesita a vosotros, pequeño rebañito disperso”. [3]

La Virgen María no solo nos da las instrucciones: es Ella quien opera en los corazones, quien trabaja sin descanso día y noche en cada uno de sus hijos que se han puesto al cuidado de su Madre para que los transforme:

“Querida: soy como un médico, que opera en los corazones. Necesitáis un cambio de corazón.

El bienestar no ha contribuido nada a volver las almas a Mí. Os ha alejado de la Fuente.

No habéis tenido necesidad de beber de las Aguas Verdaderas, porque erais saciados artificialmente por otras aguas dulces. Pero mirad cómo os han provocado más sed. Y enfermedades.

¡Venid a Mí!, que Yo os quiero sanar. Sanaré el corazón enfermo. Soy la que opera en los corazones. Después de que haya trabajado en vosotros, presentaré a Dios un corazón hermoso, lleno de las obras de Dios, y reluciente en santidad. ¡Pero dejadme que trabaje en vosotros!” [4]

[1] Mensaje de la Virgen María del 19-12-2019

[2] Cfr. Mt 6,24. Mamoná (μαμωνᾷ) es la palabra que pone en el original griego de este texto evangélico. Proviene del hebreo. Originariamente significaba ganancias, dinero, riqueza. Después aquello en que se pone la confianza para vivir. Posteriormente es la divinidad que encarna el dinero, la riqueza, los bienes del mundo

[3] Mensaje de la Virgen del 19-12-2019.

[4] Mensaje de la Virgen María del 3-6-2012 Triunfo de la Inmaculada. Tomo II

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