Mercedes Cujó Blasco

La visión de eternidad me hizo desear e ilusionarme con el Cielo y aspirar a la Santidad.

Testimonio de Mercedes Cujó Blasco

Tabla de contenidos

Breve Biografía

Mer Estudiante Testimonio María Mercedes Cujó Blasco

Primeros Años

María Mercedes Cujó Blasco nació en Madrid el 12 de mayo de 1989, víspera de la Virgen de Fátima en una familia católica, siendo la mayor de los cuatro hijos del matrimonio entre Jorge Cujó y Mercedes Blasco. Fue bautizada el 18 de junio de 1989 en la parroquia Santísimo Sacramento. Durante su infancia asistió al Colegio Everest y posteriormente estudió en el Colegio Mater Salvatoris, ambos de formación católica, haciendo en este último tanto su Primera Comunión el día 8 de mayo de 1998 junto a su hermana Victoria como la Confirmación el día 31 de mayo de 2007.

Era buena estudiante y de gran creatividad, destacaba en el deporte, la música y la pintura. Se licenció en Derecho en el año 2012.
1
Mer Estudiante Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mer vdcj Testimonio María Mercedes Cujó Blasco

La VDCJ

El 12 de mayo de 2016, cumplió 27 años y fue un día clave en su vida. Asistió a la presentación de la VDCJ (Verdadera Devoción al Corazón de Jesús) realizada en Caixa Fórum. Ella recordaba ese día sobre todo porque recibió una bendición muy especial del Padre Ángel Mª Rojas, que supuso un cambio radical en su vida.

Esta primera llamada del Señor se confirmó poco después cuando en una visita a su hermana Cristina en Múnich, tuvo un encuentro personal con Jesús que la llevó a una conversión profunda y a un acercamiento más íntimo con Dios secundado también por sus dos hermanas: Victoria y Cristina.

Al año siguiente las tres hermanas iniciaron una nueva etapa en su vida formando parte del grupo de jóvenes de la VDCJ. Mer[1] comenzaba así un camino de Amor y de Cruz acompañada en todo momento de Jesús y de María. Era una preparación para lo que iba a venir.
[1] Mercedes Cujó Blasco (con el sobrenombre con que era conocida por su familia y amigos)
2
Mer vdcj Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mer En el hospital 400x400 1 Testimonio María Mercedes Cujó Blasco

Su Enfermedad

A finales del año 2019 recibió la noticia de que tenía un cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos y difíciles de tratar especialmente en personas jóvenes. En lugar de entristecerse, la alegría fue la nota dominante en su vida y consolaba a su familia diciendo: “Lo peor que me puede pasar es curarme y lo mejor irme al Cielo, así que, se mire por donde se mire, todo es bueno.”

Poco después recibía quimioterapia y el 6 de enero de 2020 ofrecía al niño Jesús su larga y bonita melena como regalo de Reyes. Su vida cobraba un nuevo sentido: había encontrado la misión de ofrecer todos sus sufrimientos al Señor y de llevar muchas almas al Cielo.

Tras la última sesión de quimioterapia el día de la Virgen de Fátima (13 de mayo), Mercedes tenía plena confianza en que Jesús la había curado. El día de la operación los médicos no encontraron rastro del tumor.
3
Mer En el hospital 400x400 1 Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mer dormida en el hospital Min Testimonio María Mercedes Cujó Blasco

Su última etapa

Tras sus últimos ejercicios espirituales en mayo de 2022, donde recibió gracias especiales para afrontar los últimos meses de su vida, comenzó a sentir fuertes dolores en una pierna. El diagnóstico no era favorable. La resonancia magnética mostraba numerosos tumores en la médula. De nuevo afrontó la noticia con paz y alegría: “Parece que se avecinan curvas” comentaba.

La noche del 5 de agosto y tras un dolor muy fuerte de cabeza fue llevada a urgencias y al poco tiempo entró en muerte cerebral. Falleció al día siguiente, el sábado 6 de agosto, día de la Transfiguración del Señor y primer sábado de mes, a los 33 años, en un ambiente de paz sobrenatural, lleno de oraciones y cantos y arropada por el cariño de sus familiares y amigos.
4
Mer dormida en el hospital Min Testimonio María Mercedes Cujó Blasco

Primeros Años

María Mercedes Cujó Blasco nació el 12 de mayo de 1989, víspera de la Virgen de Fátima en una familia católica, siendo la mayor de los cuatro hijos del matrimonio entre Jorge Cujó y Mercedes Blasco. Fue bautizada el 18 de junio de 1989 en la parroquia Santísimo Sacramento. Durante su infancia asistió al Colegio Everest y posteriormente estudió en el Colegio Mater Salvatoris, ambos de formación católica, haciendo en este último tanto su Primera Comunión el día 8 de mayo de 1998 junto a su hermana Victoria como la Confirmación el día 31 de mayo de 2007.

Era buena estudiante y de gran creatividad, destacaba en el deporte, la música y la pintura. Se licenció en Derecho en el año 2012.

La VDCJ

El 12 de mayo de 2016, cumplió 27 años y fue un día clave en su vida. Asistió a la presentación de la VDCJ (Verdadera Devoción al Corazón de Jesús) realizada en Caixa Fórum. Ella recordaba ese día sobre todo porque recibió una bendición muy especial del Padre Ángel Mª Rojas, que supuso un cambio radical en su vida.

Esta primera llamada del Señor se confirmó poco después cuando en una visita a su hermana Cristina en Múnich, tuvo un encuentro personal con Jesús que la llevó a una conversión profunda y a un acercamiento más íntimo con Dios secundado también por sus dos hermanas: Victoria y Cristina.

Al año siguiente las tres hermanas iniciaron una nueva etapa en su vida formando parte del grupo de jóvenes de la VDCJ. Mer[1] comenzaba así un camino de Amor y de Cruz acompañada en todo momento de Jesús y de María. Era una preparación para lo que iba a venir

[1] Mercedes Cujó Blasco (con el sobrenombre con que era conocida por su familia y amigos)

Su enfermedad

A finales del año 2019 recibió la noticia de que tenía un cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos y difíciles de tratar especialmente en personas jóvenes. En lugar de entristecerse, la alegría fue la nota dominante en su vida y consolaba a su familia diciendo: “Lo peor que me puede pasar es curarme y lo mejor irme al Cielo, así que, se mire por donde se mire, todo es bueno.”

Poco después recibía quimioterapia y el 6 de enero de 2020 ofrecía al niño Jesús su larga y bonita melena como regalo de Reyes. Su vida cobraba un nuevo sentido: había encontrado la misión de ofrecer todos sus sufrimientos al Señor y de llevar muchas almas al Cielo.

Tras la última sesión de quimioterapia el día de la Virgen de Fátima (13 de mayo), Mercedes tenía plena confianza en que Jesús la había curado. El día de la operación los médicos no encontraron rastro del tumor.

Su última etapa

Tras sus últimos ejercicios espirituales en mayo de 2022, donde recibió gracias especiales para afrontar los últimos meses de su vida, comenzó a sentir fuertes dolores en una pierna. El diagnóstico no era favorable. La resonancia magnética mostraba numerosos tumores en la médula. De nuevo afrontó la noticia con paz y alegría: “Parece que se avecinan curvas” comentaba.

La noche del 5 de agosto y tras un dolor muy fuerte de cabeza fue llevada a urgencias y al poco tiempo entró en muerte cerebral. Falleció al día siguiente, el sábado 6 de agosto, día de la Transfiguración del Señor y primer sábado de mes, a los 33 años, en un ambiente de paz sobrenatural, lleno de oraciones y cantos y arropada por el cariño de sus familiares y amigos.

Frases de Mercedes Cujó

La belleza está en el interior
Mer tras la quimio

Pensaba que iba a impresionarme mucho verme sin pelo, pero la verdad es que me veo guapísima.

En las manos de Dios
Mer y la Enfermedad

Lo peor que me puede pasar es curarme y lo mejor irme al Cielo, así que, se mire por donde se mire, todo es bueno.

La belleza espiritual
Mer sentada en el hospital Min. jpg

Ahora me toca una fase de desprendimiento de la belleza física para dar paso a un embellecimiento del alma.

Ofrecer nuestros sufrimientos
Mer despues de la quimioterapia

Jesús ya ha asumido el sufrimiento de la humanidad dándole sentido. Y mi sufrimiento ofrecido se unía al Suyo para salvar almas.

La Omnisciencia Divina
Mer En el hospital

Jesús siempre sabe lo que nos va a ocurrir en la vida y nos prepara para afrontarlo.

Aceptar la Cruz
IMG-20240208-WA0038

Nunca rechacé la Cruz, sino que, gracias a Jesús, la acepté por amor y ofrecí cada día por la conversión de las almas con una inmensa alegría.

El Cielo nuestra Meta
Mer en Avion - Extrecho

La visión de eternidad me hizo desear e ilusionarme con el Cielo y aspirar a la Santidad.

Mi vida con Jesús
Mer y Jesus

Mi vida cambió porque ya no estaba sola, sino que estaba con Él.

Mercedes Cujó y la VDCJ

Todos estamos llamados a la Santidad

La mística y la santidad es para todos. Hay personas que por prejuicios o falta de formación cristiana, piensan que ser santo es solo un coto privado de las personas consagradas, y se privan de recorrer y profundizar en este Camino que Dios ha dispuesto para toda la humanidad: «Te elijo a ti para que todo el mundo vea que esta Devoción es para todos. Porque tú eres una persona normal, como ellos. De tu tiempo.[1]»

Por el Bautismo, todos los creyentes estamos llamados a la Santidad de vida y por medio de la Gracia, nadie está exento de no alcanzarla:

«Ellos rehúsan su trato Conmigo bajo la excusa de: “Esa unión tan profunda no es para los hombres como yo. Es sólo para los grandes santos. Dios a mí no me llama y no me solicita para eso.”

¡Pero he aquí que Yo hoy llamo y solicito así a toda la Humanidad! ¡Son las Gracias de estos Tiempos! Es mi Llamado actual.

Margarita: por eso tan importante tu Mensaje, por eso tan importante.[2]»

El carisma de la VDCJ es para todos; por supuesto para sacerdotes y personas consagradas, pero los laicos no nos tenemos que sentir excluidos. Cualquier persona está llamada a vivir en plenitud su vocación cristiana: en la vida consagrada, en el trabajo, en la familia, en el matrimonio, en el ocio… “Es la hora de los laicos”, tal y como anticipaban las conclusiones del Concilio Vaticano II y su misión en la Iglesia tiene cada vez más importancia:

«Y es que quiero que vean y entiendan por tu medio, ¡que Yo les llamo a cualquier cristiano a todo esto! ¡Que esto no es sólo y no corresponde sólo a una vocación consagrada, sino que esto es para todos los mortales! Porque a todos os ha llamado Dios a uniros a Él. Y a todos en grado excelso, porque en grado excelso os ama. [3]»

Jesús anima a seguir este camino a todo cristiano – sea consagrado o no – y revela que lo más importante no son las cualidades personales, sino la confianza y la fe en que será Él quien hará todo. La única condición que nos pone es querer y poner a su disposición lo poco o mucho que tengamos:

«¡Qué pocos venís, hija! ¡Qué pocos! Pensáis que habéis de ser gentes especiales, con especiales cualidades. ¡No! La cualidad única que quiero de vosotros, es la fe y la confianza en que Yo lo voy a hacer. En que Yo voy a hacer lo que prometo. Pero ¡qué pocos tenéis esa Confianza en mis Promesas!

¡No se necesitan especiales cualidades para seguir esta Devoción, este Camino de Amor! Tan sólo querer. Querer tener la confianza puesta en mis Promesas, y en mi Misericordia.[4]»

Este es el camino que descubrió Mercedes, una existencia transformada por el Amor de Jesús en el que las vicisitudes y sufrimientos de la vida son nada comparado con alcanzar el Cielo y ayudar a otros a llegar a él.

[1] Tomo II: Mensaje de Jesús del 12/06/2012

[2] Tomo V: Mensaje de Jesús del 08/10/2016

[3] Tomo II: Mensaje de Jesús del 14/10/2011

[4] Tomo II: Mensaje de Jesús del 09/12/2011

IMG 20240208 WA0025 Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó
IMG 20240502 WA0000 Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Fotografía de Mercedes Cujó en un parque de Munich

María me llevó a Jesús

Desde aquel 12 de mayo de 2016, día de su cumpleaños en que conoció la VDCJ en la conferencia de Caixa Forum y recibió una bendición muy especial del Padre Ángel Mª Rojas, su vida dio un giro de 180º. Su hermana Cris[1] explica que de repente se le empezó a meter en la cabeza que tenía que empezar a rezar el Rosario. La Virgen María salió a su encuentro a través de esta bendita oración y como buena Madre la condujo a su Hijo para no separarse de ella nunca más. [1] Cristina Cujó Blasco Cuenta su hermana Cris que, trabajando en Alemania, su hermana Mercedes fue a visitarla. Haciendo footing por de Múnich, Mer estaba rezando el Rosario y en su interior le preguntó a Dios: “¿Quién es ese Dios de misericordia del que me habla la Iglesia porque no te conozco? Si realmente es así te quiero conocer. Muéstrame que existes”. De repente se paró, miró hacia arriba y justo enfrente se encontró con una imagen de Jesús crucificado que había en el parque. Esta experiencia le impactó tanto que se acercó a una Iglesia y allí tuvo una experiencia de conversión muy fuerte y un encuentro con Dios, un Dios cercano que sentía que había estado a su lado durante toda su vida. La foto del crucifijo la hizo Mer el 3 de junio de 2016, fecha que coincidió con la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. En bien conocido el lema “A Jesús por María” popularizado por San Luis María Grignion de Montfort. María nos lleva a Jesús. Ella es la puerta que nos conduce a Él y esta verdad ha sido experimentada por numerosos santos y fieles cristianos a lo largo de los siglos. Al igual que por María, Jesús vino a nosotros durante la Encarnación, Dios ha querido servirse de Ella para que vayamos hasta Él. Y en estos últimos tiempos, María es el culmen de todas las promesas y la fuente de su cumplimiento:
«Ved cómo ya no queda fe, se apaga la fe, se va apagando. Comparadla con los principios de mi Iglesia. La diferencia, ¿en qué está? Estaba en María. Si se olvida lo que hace que se encienda la hoguera, la yesca, ¿cómo se va a poder encender? La que da Luz, la que os da la Vida. Acudid, acudid a Ella. Congregaos en torno a Ella, como en un nuevo Pentecostés, que Ella os obtendrá del Padre la nueva efusión del Gran Espíritu Consolador, Vivificador, Santificador. Ella os dirá qué hacer. [2]»
«Yo intercedo para que el Espíritu Santo obre en ti maravillas. Es el Espíritu Santo quien lo obra, pero primero ven a Mí, venid a Mí. Es así como lo ha querido Dios.[3]»
«Por eso, comprended ahora, nueva generación, cómo quiero que vosotros seáis un reflejo suyo. Para ello: – Meditad sobre su Corazón. – Consagraos enteramente a Ella. – Dejaos hacer, en infancia espiritual, como niños llevados de la mano de su Madre. Ella es el Camino. Es el Camino para venir a Mí. Emprendedlo. Cogedlo. Tomad ese Camino para poder venir a Mí. Yo la he hecho Puerta. Yo la he hecho Alcázar para mi Baluarte. Por esa Puerta: entrad. Desde ese Alcázar: defendedme.[4]»
Mercedes encontró este camino. Una moción interior la llevó a acercarse a la Virgen y sintió la necesidad de comenzar a rezar el Rosario y a través de esta sencilla oración que resulta tan aparentemente monótona y aburrida para los profanos, tuvo un encuentro con Jesús y comenzó a descubrir su Amor. Ella lo expresaba así: “La Virgen María me llevó a Jesús.”
[1] Tomo III: Mensaje de la Virgen del 20-12-2015
[2]  Tomo I: Mensaje de Jesús del 05-05-2000
[3]  Tomo I: Mensaje de la Virgen del 29-01-2001
[4] Tomo II: Mensaje de Jesús del 18-07-2008

El Amor a la Eucaristía

Amar a Jesús es amar la Eucaristía, porque en la Eucaristía es donde Él ha querido quedarse especialmente con nosotros. Mer era una persona que con hechos y gestos amaba la Eucaristía. Cuentan sus hermanas que: «Cuando iba a trabajar por las mañanas y estaba amaneciendo y veía el sol, lo identificaba con la Eucaristía y se imaginaba a Jesús paseando con ella de la mano por los campos que veía desde el autobús.[1]» Pasaba largos ratos de Adoración y el Sagrario era como una segunda casa para ella. Mer descubrió el Amor de Dios delante del Sagrario.

Desde su trono, Jesús nos invita siempre a venir a Él:

«Pasad largo rato ante Jesús Eucaristía. Venid delante de Mí. Al principio, no plantearos estar largo rato escuchándome. Plantearos sólo un poquito. Que una vez dentro (de la Iglesia) y arrodillados ante el Tabernáculo o la Custodia, Yo os hablaré al corazón. Así, aquí podréis encontrarme. Yo os comunicaré mi Amor. Efusiones de Amor. Y notaréis que Dios está pendiente de vosotros, os ama y busca vuestro consuelo. Os llama y está presente, ¡Vivo!, en el Tabernáculo. Así, después de experimentar mi cercanía, ¡nadie! podrá decir que se siente jamás solo.[2]»

La Misa no es solo estar, sino saber estar. Una misa vivida con rutina y por costumbre no fructifica en el alma:

«Esforzaos por vivir una auténtica vida eucarística, que vuestras Eucaristías no sean una cosa más en vuestros días, algo que cumplir, algo por lo que pasáis para que el día esté completo, una costumbre, no. No acostumbraros al Santo Sacrificio del Altar, no acostumbraros. Vividlo cada día como si fuera el último.[3]»

Jesús nos pide correspondencia, gestos de cariño y amor, una relación de amistad que comenzando en el Sagrario la llevemos consigo a todas partes. A la hora de ir a comulgar Mer repetía durante la cola: “Jesús Tú sabes que te amo, Tú sabes que te quiero.” Y en la iglesia lanzaba besos al Sagrario:

«Sí, dímelo pronto. Pronto siempre, cuando vengas a Mí. Entra por la puerta, y dímelo lo primero: “sí, Jesús, ¡te amo!” Y cada vez más y más ardiente, intenta hacerlo con todo tu corazón. “¡Sí!, ¡Jesús!, ¡te amo!” [4]»

«¡Id! y ¡decid! a todas las gentes que el Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! Mi Amor languidece de deseo de correspondencia por parte de vuestras almas.

¡Venid a Mí! ¡Venid aquí! [5] [6]»

«Yo, con cada uno, si me escucha y si me está atento, tengo mil detalles de cariño y hablo para él en la Custodia, en sus ratos de Adoración. Es donde Yo me comunico a las almas.[7]»

[1] Testimonio de Cristina y Victoria Cujó

[2] Tomo II: Mensaje de Jesús del 27-06-2012

[3] Tomo III: Mensaje de Jesús del 23-04-2013

[4] Tomo II: Mensaje de Jesús del 08-12-2011

[5] Al Sagrario, a la Eucaristía.

[6] Tomo III: Mensaje de Jesús del 28-07-2015

[7] Tomo V: Mensaje de Jesús del 23-10-2018

Mercedes Primera Comunion Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Primera Comunión

La Pasión de Jesús en un quirófano

Después de un ciclo de quimioterapia los médicos operaron a Mercedes y sorprendentemente no encontraron ningún signo de tumor en su cuerpo. La experiencia que vivió en ese quirófano la dejó por escrito en una carta dirigida al Padre Ángel María Rojas. En esa vivencia que trascribimos íntegramente, Mer relata como el quirófano se trasladó al Calvario, o el Calvario al quirófano y el mismo Jesús fue quien padeció y soportó todo el peso del sufrimiento de la operación mientras ella se ofrecía por entero al Señor:

Carta de Mercedes Cujó al Padre Ángel Mª Rojas

«Buenos días, Padre:

¿Cómo está? ¡Qué ilusión leer su mensaje!

Efectivamente, la operación fue muy bien. Solo estuve ingresada un día en el hospital así que ya estoy en casa recuperándome. En unos días volveré al hospital para que me den resultados de la biopsia de los ganglios y para que me digan cuándo empiezo la radioterapia. ¡¡Muchas gracias!!

Le cuento brevemente la experiencia que tuve el día de la operación.

Comenzaré diciendo que el día anterior como normalmente hago, fui a misa, comulgué, me confesé y estuve delante del Santísimo Expuesto un rato. Era la primera vez que me operaban, pero tenía tanta paz que ni siquiera le daba vueltas al tema (esto para mí ya era sorprendente). Me levanté tranquila y fui al hospital. Me asignaron una habitación y me prepararon para ir al quirófano. Parecía un día como cualquier otro, lo vivía todo con normalidad y tampoco pensaba en nada en particular.

Me trasladaron en la cama hacía el quirófano. Me sorprendía que las personas que se cruzaban por el camino (médicos, enfermeras…) me dijeran que estuviera tranquila, que era normal estar nerviosa pero que no pasaba nada. Aunque agradecía todo el cariño y acompañamiento, como le digo, yo me encontraba fenomenal.

Llegamos a la sala de operaciones. Me dijeron: “Levántate y túmbate aquí”.  Me encomendé a Jesús y le ofrecí todo y en ese momento, empecé a vivir interiormente lo siguiente: La sala se había convertido en el monte Calvario (solo que mucho más acogedor, enfermeras cariñosas que me animaban), la mesa donde tenía que tumbarme tenía forma de cruz (solo que esponjosa y cómoda).  Me tumbo y en ese momento, alguien (no se si la anestesista, si otro médico, si una enfermera…) me dice: “Te voy a colocar una “diadema” en la frente y cabeza que te va a molestar un poco pero no te preocupes”. En ese instante vi la corona de espinas de Jesús clavada en su cabeza. En la mía en cambio, una diadema que apenas me molestaba. A continuación, me dijeron: “Estira el brazo para que te coloquemos la vía en la mano, te va a doler un poco, pero tranquila”. En ese momento, veía como Jesús estiraba su brazo para que le clavasen el clavo en la mano. A mí en cambio, me introdujeron suavemente la vía sin que pudiera casi sentirla. A continuación, me quitaron mi mascarilla y me acercaron sobre la boca y nariz lo que me dormiría completamente para no sentir nada.  Ahí vi fugazmente (porque ya empezaba a dormirme) cuando a Jesús le acercaban la esponja con vinagre cuando dijo “Tengo sed”.

Me desperté a las pocas horas con una fortaleza que, si no fuera por la recomendación de la doctora de pasar la noche, me habría ido a casa tranquilamente. Todo el dolor lo quería ofrecer. No quería ningún calmante. Todo el sufrimiento, la enfermedad, tenía sentido.

No sé si lo que experimenté fue un desequilibrio mental o algo meramente sugestivo pues soy una persona bastante sensible. Pero el caso es que pude ver claramente lo que significa vivir la cruz en Jesús al contemplar la crucifixión ahí mismo. El día de la operación lo vi claramente representado. Jesús ya ha asumido el sufrimiento de la Humanidad dándole un sentido. Y mi sufrimiento ofrecido se unía al suyo para salvar almas.  ¡Y no solo eso, sino que la Cruz es gozosa! (en el quirófano era esponjosa y todo) es llevadera! el ofrecer cada dolor a Jesús me atrevo a decir, que te lleva incluso a “sentir” físicamente menos el dolor o al menos te da una resistencia enorme para llevarlo. Todo se ajusta a lo que yo puedo soportar. Todo mi cáncer es llevado con una alegría que solo puede venir de Dios.  Lo mejor que podemos hacer en la vida es decirle que SI a Jesús. Él siempre nos ayuda a llevar el sufrimiento si acogemos su gracia.

Estoy agradecida por esta enfermedad, porque me ha permitido experimentar el amor del Corazón de Jesús de una manera indescriptible. Me emociona el solo hecho de saberme tan querida por Dios pese a lo pecadora que soy.

Espero que usted, pueda encontrarle algo bueno a este pequeño y breve testimonio.

Muchísimas gracias Padre, por rezar por mí. Se notan mucho las oraciones. Yo también le llevo en las mías cada día.»

María Mercedes Cujó Blasco

Esta experiencia que Mer relata encierra en sí una gran profundidad a la que solo nos podemos acercar de puntillas pues hay que sumergirse en el Misterio de Dios que trasciende nuestra limitada inteligencia. El “tiempo” es el primer elemento en caer de su pedestal pues como nos dice Jesús: «Para Mí el tiempo está en uno, en un acto. No existe pasado, presente ni futuro. Ni las horas ni los años. Esas son categorías vuestras. [1]» Para Dios todo es presente, aunque nosotros los hombres pensemos que lo que ocurrió en Jerusalén hace alrededor de 2000 años fueron acontecimientos ya pasados. Como decía San Juan Pablo II la Misa es el ejemplo perenne de ello:

«La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz, no se le añade y no lo multiplica. Lo que se repite es su celebración memorial, la «manifestación memorial » (memorialis demonstratio), por la cual el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo se actualiza siempre en el tiempo.[1]»

En la Eucaristía está todo contenido, también y sobre todo el Sacrificio del Calvario: «En Mí, Eucaristía, está el pasado, el presente y el futuro.[2]»

Cuando Jesús instituyó la Eucaristía, ésta no concluyó cuando salió del cenáculo de Jerusalén hacia el monte de los Olivos con sus discípulos, sino que culminó en la Cruz, cuando dijo “Todo se ha cumplido”. Podemos decir con propiedad que el Sacrificio de Jesús no comenzó en el momento de su Pasión, sino unas horas antes durante la Cena de Pascua y esta celebración judía que rememoraba la salida del pueblo de Egipto, tuvo su culmen en la Cruz: «Al ofrecerles como alimento su cuerpo y su sangre, Cristo los implicó misteriosamente en el sacrificio que habría de consumarse pocas horas después en el Calvario.[3]» Pero este acto nuclear en la historia de la humanidad se perpetua por los siglos de los siglos en la Eucaristía.

«El acto de la Cruz, el acto del Martirio de Cristo se vive, se perpetúa por los siglos. Está teniendo ahora lugar en vosotros ese mismo acto. No hay otro. Pasión y Muerte de Jesús, para su Resurrección.[4]»

Mer despues de la quimio Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó en el hospital

Volviendo a la experiencia de Mer, se entiende ahora mejor lo que ella vivió. La persona se entrega en oblación para participar en el Sacrificio de Cristo, como si ella misma estuviera en el Calvario, recorriendo cada acontecimiento que sucedió en Jerusalén:

«Conmigo, os entregáis al Padre. Aquí, en la patena, ocurre vuestro sacrificio, y el Mío. Es como si en el Calvario hubiera clavadas otras tantas cruces como sois vosotros.

Eucaristía, es sacrificio, sacrificio oblativo. Eso sois vosotros para Mí, cuando os unís a Mí. Sois sacrificio entregado. Así como Yo, lo sois vosotros.[1]»

«Ahora, en los Días de la Gran Tribulación, se perpetúa y tiene lugar, como si de ese mismo momento se tratara, el Sacrificio del Calvario.

Es la Pasión en la Iglesia, su Cuerpo Místico.

Mirad, vosotros llamados a ser otros Cristo.

Es Cristo que muere hoy en vosotros, para posteriormente resucitar.

Es Cristo, que sufre los latigazos, la tortura, que sube al Calvario.

Y lo es en vosotros.

Vosotros, presentes en esos momentos.[2]»

¿Y los sufrimientos mitigados? ¿Y la Cruz y el Martirio delicado que sintió Mer cuando todo el dolor se transformaba en gozo y sentía que era Jesús quien estaba sufriendo por ella? Jesús nos ha llamado a coger su Cruz. Somos sus Cirineos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.[3]» Pero esta cruz que cogemos es simplemente una gota del cáliz que bebió Jesús, la parte que nos corresponde de su Pasión y cuando lo hacemos por amor a Jesús, esta cruz se torna liviana: «Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.[4]». Pero por una misteriosa Gracia, podríamos decir que al coger la cruz de cada día, que es la Cruz que Jesús llevó por todos nosotros, por los hombres que han existido desde Adán, hasta el último viviente sobre la tierra, Él se convierte a su vez en nuestro Cirineo y nos ayuda a llevar la Cruz. Si somos cirineos del Redentor, Él a su vez es nuestro Cirineo:

«Te voy a enseñar cómo es posible estar de tal modo entregada a Dios, que ya no te afecte nada, nada, nada de lo que te suceda en la vida. Cómo, aunque te traten de infligir dolor, ya nada será para ti dolor, porque haré que tu dolor se te convierta en gozo. Cómo vivirás feliz, en medio de atroces sufrimientos.[5]»

Si en cambio, vivimos nuestras cruces sin ofrecerlas por amor y abnegación, éstas se convierten en pesados fardos que nos subyugan y se convierten en lastres difíciles de soportar:

«Todos, todos vuestros sufrimientos ofrecidos y vividos con amor y abnegación aquí en la tierra, recogedlos allí con los frutos.[6]»

Para vivir esta experiencia es necesario pasar por el cancel del sufrimiento, un estado en el que los acontecimientos dolorosos se ven y se sienten de una manera sublimada y se viven con paz, con amor e incluso con gozo.

Dice la Virgen:

 «Amada Marga mía, ven y escucha.

(Hace unos días que me veo haciendo lo siguiente: levanto el pie y descorro una cortina leve, paso a otra realidad suave, luminosa, grácil y sencilla de recorrer. Sonrío mientras miro alrededor y es una sensación de paz y facilidad en el camino. Es como si atrás hubiera dejado un barullo, y ahora, aquí, se oye ese ruido de atrás como en sordina)

Es el cancel del sufrimiento según Dios. Al atravesarlo, llegas a otra realidad.[…]

[…] No tengas miedo a vivir esto, pues es como los mártires vivieron sus sufrimientos por amor. Cómo, en medio de los suplicios, podían sonreír. El amor a Jesús atenuó todos sus sufrimientos. Se los puso así, como tú dices: “en sordina”.

Porque ya, atravesando ese cancel, al aceptar sus sufrimientos con paz, Dios se revela a vosotros y sus Ángeles os sostienen. [7]»

La experiencia del quirófano de Mer supuso un antes y un después en su vida. Las acciones humanas se elevan en la sobrenaturalidad al estar vividas con Dios y según Dios y el sufrimiento se torna gozoso:

«Di que tú no me ves triste ni aun en mi Pasión. Y es porque contigo inauguro una época de sufrimiento gozoso. Es tan grande el Amor y tanta la Alegría de salvar almas, que no os será permitido penar ni aun en los mayores tormentos. Es tanta la Dulzura de estar unido a Mí, que os inundará el gozo al poder sufrir aun un poco más.[8]»

Ella decía con total y contagioso convencimiento: “Durante mi enfermedad experimente la mayor muestra de amor de Dios. Era completamente feliz en mi cruz. ES INCREIBLE EL AMOR DE DIOS.”

[1]  Tomo II: Mensaje de Jesús del 09-11-2011

[2] Tomo II: Mensaje de la Virgen del 07-04-2010

[3] Mt 16, 24

[4] Mt 11, 30

[5] Tomo II: Mensaje de Jesús del 06-04-2011

[6] Tomo II: Mensaje de Jesús del 13-03-2011

[7] Tomo II: Mensaje de la Virgen del 17-04-2011

[8] Tomo V: Mensaje de Jesús del 22-03-2018

[1] Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia del Sumo Pontífice Juan Pablo II

[2] Tomo V: Mensaje de Jesús del 11-03-2015

[3] Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia del Sumo Pontífice Juan Pablo II

[4] Tomo V: Mensaje de Jesús del 29-04-2017

[1]  Tomo V: Mensaje de Jesús del 21-04-2018

Alegría en el sufrimiento

Todo mi cáncer es llevado con una alegría que solo puede venir de Dios.” – decía Mer en su carta, y continuaba – “Lo mejor que podemos hacer en la vida es decirle que SI a Jesús. Él siempre nos ayuda a llevar el sufrimiento si acogemos su gracia.” Esta es una de las señales para distinguir al verdadero cristiano. Los primeros mártires de la Iglesia iban alegres y cantando a su martirio:

«Un distintivo para ver si sois cristianos y para ver si viene de Mí: la Paz y la Alegría. Que la persona esté en Paz y en Alegría. Así veréis que vienen de Mí. [1]»

«Cuanto más sufrimiento, más enfermedad o más persecución, experimentaréis más Alegría.

Pero una alegría interna que brota del fondo del alma, y que nada ni nadie podrá quitaros, porque es la alegría de estar viviendo Su Voluntad, la Voluntad de Dios.

“Los siempre sonrientes”. De los que brota siempre una palabra de ánimo y optimismo.

Nunca negativos, siempre mirando hacia el futuro con esperanza, con ilusión y con optimismo.

Aunque vengan anuncios de guerras y de catástrofes, vosotros estáis alegres, porque sabéis que al final Su Inmaculado Corazón Triunfará en el mundo, como está triunfando en vosotros a través de esa vida de Unión mística a Su lado.[7]»

[1] Tomo III: Mensaje de Jesús del 30-06-2012

[7] Tomo IV: Mensaje de Jesús del 25 al 30-08-2016

Mer irradiaba alegría, pero también irradiaba una felicidad contagiosa que convertía su vida y sus sufrimientos ofrecidos en un testimonio para su familia, amigos y todas las personas que la conocían:

«Escúchame. Tú tienes el secreto, sabes el secreto. Sabes cuál es el secreto de la felicidad y lo tienes entre tus manos: Soy Yo. El secreto de la felicidad es vivir la vida Conmigo. Tú, por medio de estos Libros, les enseñarás cómo. Tienes en tus manos lo que les hará felices.[8]»

«Quiero en ti la alegría y el hacerte feliz. La felicidad. Para que tú, esas Gracias, las repartas. A todos. A tantos.[9]»

Unos meses antes de su fallecimiento, Mer y Vicky[10] estaban leyendo juntas el libro “Nacemos para no morir nunca” de Chiara Corbella, una chica italiana que murió con fama de santidad. Cuentan sus hermanas que: «La lectura de ese libro le dejó muy impresionada, incluso alguna vez lloraba no pudiendo contenerse de la emoción. Viendo la historia de esta chica, cuyo sufrimiento a ojos humanos resultaba incomprensible, comentaba Mer llena de alegría que nuestros sufrimientos, permitidos por Dios, no son nada en comparación con el Cielo que Él nos tiene preparado.[11]»

«Llamada a mover a muchos a la santidad: ése es tu camino, y no otro.

Lo primero que quiero de ti es ser una persona permanentemente alegre, como Yo quiero que lo seas.

Cuando aceptes tu cruz, querida, serás la persona más feliz del mundo.[12] [13]» 

La alegría sobrenatural es un Don. No puede venir de nosotros mismos. Es un regalo del Cielo que surge de la unión de dos voluntades: la humana y la divina. Sin la Gracia no podemos hacer nada: «el alma no se une a la Pasión de Cristo, si no es por pura Gracia de Dios. Es algo que debes de pedir.[14]» Y la llamada de Dios, también debe ser aceptada libremente por el hombre. Dios no nos fuerza nuestra libertad: «A quien Dios le llame a ofrecer, incluso su enfermedad, encontrará un gozo tan grande en ella, que ni querrá que se la quite. Tanta Fuente de Gracia y Alegría será para él. Así que, incluso para él, la vida que os propongo será divertida. [15]»

Y eso es lo que hizo Mercedes: sintió en su corazón esa llamada del Señor a ofrecerse. Lo hizo al menos durante la biopsia y también, como revelaba en su carta al Padre Rojas, durante la operación de cáncer:

“Llegamos a la sala de operaciones. Me dijeron: “Levántate y túmbate aquí”.  Me encomendé a Jesús y le ofrecí todo y en ese momento, empecé a vivir interiormente lo siguiente […]

[…] Todo el dolor lo quería ofrecer. No quería ningún calmante. Todo el sufrimiento, la enfermedad, tenía sentido.”

Mer sabía combinar esa alegría interior que viene de Dios con un gran sentido del humor exterior. Con su risa y sus bromas contagiaba a todos los que estaban alrededor de ella.

[7] Tomo IV: Mensaje de Jesús del 25 al 30-08-2016

[8] Tomo III: Mensaje de Jesús del 03-10-2015

[9] Tomo V: Mensaje de Jesús del 27-10-2018

[10] Victoria Cujó Blasco

[11] Testimonio de Cristina y Victoria Cujó

[12] Cfr. Mt 10,38.

[13] Tomo III: Mensaje de Jesús del 01-07-2013

[14] Tomo II: Mensaje de la Virgen del 09-12-2011

[15] Tomo III: Mensaje de Jesús del 03-10-2015

Mer Alegria Vertical Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó Blasco

Los detalles de Dios

Mercedes era una persona muy detallista. Tenía un don especial para entender el sufrimiento de las personas. Su empatía le ayudaba a intuir el dolor de los demás. Si en un grupo en el que estaba había alguien necesitado, ella tenía un “radar” para detectarlo y acercarse a esa persona para ayudarla o consolarla. Veía detalles de los demás que para el resto pasaban desapercibidos. Su amiga Teresa recuerda esa delicada sensibilidad y caridad exquisitas para tratar con las almas:

«Yo era consciente desde antes de recibir la noticia de su enfermedad de la gran perfección de Mer. La admiraba muchísimo, ese “no me como esta patata por las almas del purgatorio” que frecuentemente con la mayor naturalidad soltaba cuando estabas tomando algo con ella. O la caridad vigilante de quien está pendiente de los más débiles y soporta con la mayor comprensión y paciencia sus defectos. Ante feos evidentes ella se limitaba a disculpar “me da pena esta persona, tiene una enfermedad/ herida afectiva desde pequeña, por eso creo que hay que ser más comprensiva y pasarle esto por alto”. Mer era todo corazón y la gente al estar con ella se sentía tan confiada y acogida.

Siempre que se le cortaba en una conversación observaba admirada como se callaba y escuchaba a esa persona (muchas veces yo era la patosa) con la mejor de sus sonrisas y toda la atención, sin media muestra de molestia por no dejarla hablar.

Amaba la sencillez, el pasar desapercibida y oculta. Elegía siempre los peores puestos, pendiente de los demás.

Escuchaba con verdadera atención y caridad a todas las personas, dando unos consejos llenos de Espíritu Santo. Siempre acertaba y la persona salía reconfortada y “catequizada” cuando hablaba con ella.[1]»

[1] Testimonio de Teresa Mazzuchelli, amiga de Mercedes Cujó

Girasoles Schoenstatt Min Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Ramo de flores en el Santuario de Schoenstatt

A Mer le encantaban las flores, especialmente los girasoles, pues según expresaba siempre estaban mirando al sol que es Dios. Jesús y María tuvieron muchos “guiños” con ella relacionados con esta flor. En más de una ocasión Mer llevó girasoles a la Virgen. Así sucedió el día antes de su muerte el 5 de agosto de 2022 que llevó un ramo de girasoles a los pies de María en el Santuario de Schoenstatt. En varias ocasiones expresaba que había sentido en su corazón la “señal” de que María agradecía esas flores que con cariño había puesto a sus pies. También Jesús tenía muchos detalles con ella relacionados con esta flor. Cuando Mer necesitaba alguna confirmación del Cielo respecto a alguna decisión importante, la presencia de girasoles era una pista certera sobre cuales era los deseos de Dios.

Dios cuida de cada una de sus criaturas como un Padre bueno. Él nos viste y nos provee como a los lirios del campo[2] y ni un solo cabello de nuestra cabeza cae sin su conocimiento y providencia[3], pero necesitamos una visión trascendente y sobrenatural como la que tenía Mer para captar los detalles que Dios tiene con cada uno de nosotros y que los afanes del día a día nos ocultan a los ojos del alma:

«Aprende a mirar con ojos sobrenaturales. Son los ojos que ven a las almas tal cual son. Aprende a amar a tus hermanos, amarles de verdad. Aprende a amarles con mi mismo Corazón, que es un Corazón de Hombre, lleno también de detalles para con ellos. Sé más detallista. No pienses tanto en tu soledad: piensa en la suya. Piensa que a ellos también les gustan los detalles como éstos que he tenido Yo contigo. Y no esperes detalles de su parte, porque la mayoría de las veces no los tendrás. Los detalles para ti vendrán de Mí, los tendrás de Mí. Estate con los oídos y con el corazón abiertos para recibirlos, para percibirlos. ¡A veces pasan y no te das cuenta de que suceden! Yo paso sin hacer ruido. Soy respetuoso. El Amante Respetuoso. El que te respeta y es delicado. Es delicado contigo. No toca la trompeta a su paso, no le anuncian los pajes. Sólo se le distingue si se está en el silencio.[4]»

[1] Testimonio de Teresa Mazzuchelli, amiga de Mercedes Cujó

[2] Mt 6, 28, 30

[3] Mt 10, 30

[4] Tomo III: Mensaje de Jesús del 25-08-2015

Jesús se hace pobre

Dios está pendiente de su criatura, pero ¿las criaturas estamos pendientes de Dios? Y no hablo solo de consolar a Dios, de amarlo y adorarlo como merece, sino simplemente de agradecerle sus detalles de amor, de ser capaces de captarlos y meditar en ellos para que den fruto en nuestras vidas.

Cuentan todos los que conocieron a Mercedes que el Señor tenía muchos detalles con ella. El Amor de Dios es así, se entrega a nosotros como si fuéramos la única persona que existiera en el mundo. La diferencia estriba en que Mer sabía tener una sensibilidad especial para captar lo que el Señor le regalaba cada día y sabía descubrir y extraer de ello una enseñanza para su vida.

En una ocasión, volvía a casa cansada y desanimada por tener un trabajo rutinario y poco creativo. Mientras iba pensando en ello en un vagón de metro, en su interior le dijo a Jesús: – “JESÚS, cómo me gustaría que vinieras a alegrarme el día.” De repente un pobre de la calle con una apariencia muy deslucida se le acercó y le dijo: – “¿Estás triste? No estés triste.” Y después de esas palabras comenzó a recitar un poema que, además de bonito y chocante por venir de quien venía, le hizo reír a carcajadas. El poema terminaba deletreando la palabra a-m-o-r y el pobre le preguntó: – ¿Qué he dicho? – “Amor”, le dijo Mer. – “Sí, amor, Eso eres tú. No estés triste y gracias por permitir que pudiera alegrarte el día”. Y se bajó del vagón. Y ahí fue cuando Mer descubrió a Jesús en el pobre, en uno de sus predilectos, del cual se había servido para consolarla. Así está Dios con cada uno de nosotros. Solo nos hace falta estar atentos:

«El Amor sabe los deseos de su criatura, pues es Él mismo el que se los puso en el corazón, y como lo sabe, corre presuroso a llenarlos.

¿Habéis pensado que cada alma es distinta? Cada alma es diversa, cada alma es diferente.

Y a todas Yo las quiero colmar. Y para todas tengo palabras de cariño, para todas tengo esa unión que Yo quiero contigo. Con todas estoy pendiente de hasta el más mínimo detalle que les gusta, para dárselo. Cada cosita que hagan, cada pequeño pensamiento intrascendente, Yo lo conozco, y Yo lo quiero y Yo lo amo, porque la creé Yo, porque la creó Dios.[1]»

«¿Que Dios no puede estar pendiente de tonterías? ¿Por qué pensáis así de Dios? Dios está en cada minucia de tu vida, está en ti, te rodea por arriba, por abajo… en cada cosa ¿No cuidará mejor que tú de todas tus cosas? Déjaselas a Él. [2]»

«¡No quiero que estéis tristes! No. Imaginad que vuestras ansias de amor nunca han sido colmadas por una criatura, ¡pues venid a Mí! Yo tengo en Mí todo lo que colma a todas las criaturas, pues Soy Dios. Y, como además de Dios Soy Hombre, me abajo hasta vosotros y os amo con Amor humano perfecto. Con todos los detalles humanos que vosotros necesitáis y soñáis en lo profundo de vuestro corazón, porque Yo conozco vuestros sueños.

Abridme la puerta y dadme la llave, para que Yo pueda entrar en vuestra casa cuando quiera, y os busque, y os colme, os ame y os llene de Amor. [3]»

¡Hay tantas cosas que ocurren en nuestra vida y pasamos sobre ellas como de puntillas pensando que son casualidad, o que suceden por nuestro esfuerzo o nuestro mérito! Vivimos muchas veces centrados en la materialidad y no comprendemos que todo viene de Dios (el bien) o es permitido por Dios (el mal) y que cada cosa que nos ocurre en la vida tiene una razón de ser: «Todo, todo, todo, absolutamente todo sucede porque Yo, Dios, lo quiero.[4]» Solo imitando a María quien guardaba todas las cosas en su corazón[5] y meditaba en ellas continuamente podemos llegar a convencernos de esa gran verdad y llegar a entender el significado de cada acontecimiento de nuestra vida: «Venid, preguntadme a Mí para poder entenderlas. Yo os las haré Luz. Entended quiénes sois, Quién Soy Yo y para qué estáis en el mundo. Buscad la Verdad, y la Verdad os hará libres.[6] Invocadme. Invocad al Espíritu Santo [7]»

¿Creemos verdaderamente que Jesús nos ama como si fuéramos su hijo único y que está deseoso de colmarnos de atenciones como si nadie más existiese salvo nosotros?

«Jesús: Así sois todos, y no sólo tú: los hijos muy amados, los predilectos, los primogénitos. Como si sólo existiera uno, como si Todo mi Amor no tuviera en el mundo más que a una persona en quien volcarse, y ésa una fueras tú. ¿Te imaginas siendo la única persona que existiera en el mundo? ¿Y a Mí volcando todas mis atenciones en ti? Pues así estás, ésa es la realidad. Tú, y todos. Os amo como hijos únicos predilectos.[8]»

[1] Tomo II: Mensaje de Jesús del 30-01-2010

[2] Tomo III: Mensaje de Jesús del 13-06-2014

[3] Tomo V: Mensaje de Jesús del 17-04-2016

[4] Tomo II: Mensaje de Jesús del 10-10-2009

[5] Lc 2, 19

[6] Cfr. Jn 8,32.

[7] Tomo V: Mensaje de Jesús del 08-01-2020

[8] Tomo III: Mensaje de Jesús del 25-08-2015

Mer sentada sonriendo Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó
IMG 20240208 WA0038 Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Las hermanas Cujó Blasco en Medjugorje

Salvar Almas

La vida de Jesús estuvo marcada por un único fin: salvar almas. Esa era la Voluntad del Padre, que Jesús siguió fielmente durante todo el tiempo que vivió en la tierra y lo sigue siendo en el Cielo. Su predicación, sus milagros y sobre todo su Pasión y Resurrección tuvieron como fin último el culminar la Redención y ofrecer al género humano la posibilidad de aceptar este gran regalo de la Misericordia de Dios. Hoy Jesús nos llama al mismo fin. Un fin que fue el principal motor que impulsó la vida de Mer durante la última etapa de su existencia:

«Mirad las preocupaciones de vuestros contemporáneos. ¿Cuál es la vuestra? ¿Está en las almas?, ¿en salvar almas? Pensad que ésa es la Mía. ¿Qué estaríais dispuestos a hacer para salvar almas? [1]»

«Caminad, luchad y conseguidme cuantas más almas posibles, cuantas más almas podáis. Mi Corazón tiene Sed de almas y ninguno viene a saciarle de esta Sed. ¿No sabéis que habéis sido rescatados a precio de mi Sangre?[2] ¿No os vale este Rescate? Éste es el Único Rescate válido. Asociad, asociaos todas las almas a este Rescate. Asociad cuantas más almas podáis a Mí. Con vuestra sangre. Con el precio de vuestra sangre unida a la Mía.[3]»

Ella decía: “Nunca rechacé la Cruz, si no que, gracias a Jesús, la acepté por amor y ofrecí cada día por la conversión de las almas con una inmensa alegría.”

[1] Tomo III: Mensaje de Jesús del 03-10-2015

[2] Cfr. I P 1,18s; I Co 6,20; 7,23.

[3] Tomo III: Mensaje de Jesús del 23-09-2015

Ser fiel en lo pequeño

En muchas ocasiones tendemos a pensar que los santos son seres excepcionales que realizan actos extraordinarios. Este tipo de personas las ha habido a lo largo de la historia, pero son muchos más los santos que pasaron desapercibidos en vida porque la santidad no depende de los frutos ni de la cantidad de cosas que se hacen sino de la calidad de los actos realizados y el amor que se pone en ellos:

«¿Qué es la santidad? Santidad es hacer a cada momento lo que debes hacer. Como éste era el momento de la oración y ahora viene el momento de hacer la comida. Con pureza de intención. Con amor hacia Mí, hacia Dios y a los hermanos. Con detalles de pulcritud a la hora de hacer todo. De perfección y de constancia. Con la sonrisa en la boca y el ánimo siempre alegre. Esforzándose por animar y alentar al Resto, por hacerles la vida agradable, por servirles. Esa es la Santidad. [1]»

«Si hay santos, que pasaron por la vida sin tener el consuelo de haber visto convertida a una sola de las personas por su influjo. Entonces, ¿a ti qué tus éxitos apostólicos? Razón de que eso no es importante. Cuando hay santos canonizados y reconocidos por la Iglesia y eso no es así: no ha servido, aparentemente de nada su misión. Así es que despreocupaos de los frutos.

Tan sólo procurad hacer y cumplir, a cada instante, la Voluntad de Dios. Lo demás, se os dará por añadidura.[2] [3]»

Mer durante la fase final de su vida tenía fuertes dolores en una pierna debido a que los tumores de la médula le pinzaban el nervio. A pesar del sufrimiento, ella seguía trabajando diligentemente, siguiendo su horario y ofreciendo todo por amor. Cada pequeño detalle cuenta. La perfección está en el Amor que se pone en cada cosa que se hace y en la aceptación de la Cruz unida al Señor:

«Más años deben significar más santidad. Y a medida que pasen los años, irás simplificando y comprendiendo que la santidad no está en complicadas cosas, sino en lo pequeño. En hacer a cada minuto lo que debamos hacer, pero con inmenso amor, todo el amor del que seamos capaces, habiéndoselo ofrecido antes a Dios y aceptado y pedido su regalo de Amor, su Corazón en nosotros, para poder verdaderamente amar. Y siempre purificando a cada instante nuestra intención, ¡que se os emponzoña con tantas cosas de la tierra si no estáis atentos, aunque se lo hayáis ofrecido una vez! La vida es un ofrecimiento continuo. Renovad durante el día vuestro ofrecimiento para que no se os olvide el por qué hacéis las cosas. En un alma de oración esto no ocurre, porque la oración le sitúa con los pies en la tierra sobre lo que debe hacer y el por qué lo hace.[4]»

[1] Tomo II: Mensaje de la Virgen del 09-03-2011

[2] Cfr. Mt 6,33.

[3] Tomo II: Mensaje de Jesús del 30-06-2012

[4] Tomo V: Mensaje de la Virgen del 23-12-2018

Mer saludando Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó
Mer con el Rosario Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó

La Confianza

Vivimos una época difícil en la que el miedo, la incertidumbre, la desconfianza y la falta de fe, poco a poco van haciendo mella y abriéndose camino en casi todos los ámbitos de la sociedad. Desde el inicio de confinamiento obligado y todo lo que vino después, el suelo que pisamos se ha vuelto tan resbaladizo que muchas personas han caído en la psicosis de mirar el presente con inquietud y el futuro con miedo. Nunca hemos estados tan informados, ni han existido tantos y tan variados medios para ello, pero también nunca hemos estado tan desinformados y manipulados por los medios de comunicación que han intentado arrebatarnos la esperanza y la confianza en Dios.

«Os he dicho ya, amada, que existe un peligro en aquellos que os decís y se dicen míos. Y es, conociendo la magnitud de los acontecimientos venideros, perder la paz, perder la confianza y perder, en ultimus, el amor.[1]»

«Yo os he dicho que os voy a sostener, os voy a cuidar y os voy a proteger. ¿De qué tener miedo? No tengáis miedo.[2]»

«Preocuparse por el futuro no es de espíritu cristiano. El cristiano vive de la Providencia, y a ella confía cada instante de su vida pasada, presente y la que vendrá.[3]»

Teresa, la íntima amiga de Mercedes, nos revela como Mer tenía puesta toda su confianza en Dios y así lo transmitía a los demás:

«Un día le mandé unas revelaciones que leí en internet que me generaron inquietud, que enseguida compartí con Mer preguntándole si había oído hablar de ellas y manifestándole mi desasosiego. Ella me contestó: “¡No las conozco! Por lo que leo va un poco en la línea de las demás profecías… pero vamos que hay que quedarse con lo que vivir en gracia cada día y confiando en Dios. Es lo más importante. No hay que tener miedo. Si nos ha tocado vivir estos tiempos que tanto hubieran deseado vivir los santos, será porque también nos espera un gran sitio en el Cielo. Nos toca a todos los católicos rezar mucho y ofrecer. ¡¡Con una visión de esperanza!!”[4]»

En el carisma de la Verdadera Devoción encontró el secreto de vivir en estos tiempos de forma evangélica. Mer comentó a su amiga Teresa:

«Marga sólo nos ha dicho hasta ahora que Jesús y la Virgen piden la conversión y la vida eucarística. ¡Hay que vivir con paz y confianza! ¡Nada de angustiarse ni de preocuparse! Vivir el momento presente haciendo nuestras labores ordinarias poniendo amor en todo lo que hacemos.[5]»

Incluso en los inciertos momentos del comienzo del confinamiento de 2020… cuando el miedo y la angustia paralizaron tantos corazones enclaustrados en nuestras casas por obligación, Mercedes tenía la lucidez de ver en los acontecimientos la mano de Dios y extraer las semillas del reino allí donde para los demás solo había negrura y cizaña: «Debéis aprender a mirar con ojos de fe. Aprended a mirar con ojos de fe. A ver todo lo bueno de la vida, no fijaros sólo en lo negativo.[6]»

Así aconsejaba a su amiga Teresa el 23 de marzo de 2020:

«Yo creo que lo que está pasando actualmente no tiene que alarmarnos sino llevarnos a preguntar a cada uno que es lo que Dios nos pide. Por ejemplo, antes de que cancelaran las Misas, Don Jesús dijo que vino un hombre que llevaba 50 años sin confesarse y que de repente con todo esto se había dado cuenta por fin de lo que era verdaderamente importante. Cada uno ante esta situación con paz y confianza, debe preguntarse qué le pide Dios. Nada de angustias ni miedos. Hay que vivir con alegría que somos cristianos. Tú tienes que vivir tu día a día queriendo mucho a tu marido y cuidando tu matrimonio, tu casa, tus hijos cuando vengan. Viviendo tu vocación con amor.[7]»

Esta faceta suya de dar la respuesta y el consejo adecuado en cada momento era un don conocido por los más cercanos, especialmente sus hermanas:

«Mer tenía una gran capacidad de escucha y el don de consejo. Ante algún asunto que nos preocupaba y sobre el que necesitábamos luz para discernir, sabíamos que acudiendo a ella podríamos tener una mayor claridad sobre aquello que nos inquietaba, pues los consejos que daba nos hacían ver el problema con una visión más sobrenatural entregándoselo al Señor con confianza, y aunque no tuviéramos la solución en ese momento, escuchar sus ideas nos llenaba de paz.

Las hermanas la llamábamos graciosamente “el Oráculo” porque siempre nos aportaba mucha luz y en sus consejos siempre te llevaba a buscar la voluntad de Dios y lo que a Él más agradaría. Los demás eran conscientes de esta cualidad de Mer, pues recurrían frecuentemente a ella.[8]»

Mer era un ejemplo vivo del pasaje evangélico de Mateo: «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.[9]»

También era luz para los demás su manera de afrontar la enfermedad con una confianza a prueba de fuego porque se sabía mimada y protegida por Dios, aun en las mayores dificultades y sufrimientos: «Quieren saber. Todos quieren saber qué les sucederá en estos días. Y en estos días no les sucederá más que lo que esté estipulado por mi Corazón. Y lo que esté estipulado por mi Corazón será bueno, pues Bueno Soy Yo y Bueno es mi Padre.[10] El mundo no está merced de un tirano caprichoso que quiere castigarlo. El mundo está en las manos de Dios Padre.[11]»

«Mer vivía con esa visión sobrenatural que daba un sentido auténtico a sus sufrimientos. Se sentía en las manos de Dios, por lo que no le perturbaba lo que le ocurriese, confiaba en su plan, que decía que era perfecto, a pesar de la dureza de la prueba. Todo se convertía en una ocasión para ofrecerlo por los demás.[12]»

En julio de 2022 Teresa, su íntima amiga, tuvo esta conversación con ella:

«Le dije que le quería presentar a una amiga a la que acababan de diagnosticar un cáncer. “Claro. En lo que pueda ayudar encantada. Lo más importante es tener una relación cercana con Jesús. Yo no tenía miedo porque Él estaba en mi vida tan presente como los demás, pero encima siendo Dios.” Cuando le digo que la he visto con ánimos, pero con miedo me contesta: “va a ir todo bien, si lo va a hacer todo Jesús así que no tiene nada de lo que preocuparse. ¡Está en buenas manos! Ofrezco mucho por ella.” [13]»

[1] Tomo II: Mensaje de la Virgen del 20-08-2012

[2] Tomo V: Mensaje de Jesús del 08-08-2020

[3] Tomo II: Mensaje de la Virgen del 29-04-2009

[4] Testimonio de Teresa Mazzuchelli

[5] Testimonio de Teresa Mazzuchelli

[6] Tomo III: Mensaje de la Virgen del 22-08-2015

[7] Testimonio de Teresa Mazzuchelli

[8] Testimonio de Cristina y Victoria Cujó

[9] Mt 5, 14-15

[10] Cfr. Sal 100,5.

[11] Tomo III: Mensaje de Jesús del 23-09-2015

[12] Testimonio de Cristina y Victoria Cujó

[13] Testimonio de Teresa Mazzuchelli

Ser santos porque Yo soy Santo

Mercedes no se conformaba con ser buena, quería ser santa y deseaba esa misma santidad para todos sus hermanos. Como cuentan quienes la conocieron, ella jugaba en otra liga. Si le pedían oraciones por un grupo de personas para que fueran “buenas” ella rezaba para que fueran santas. Siempre iba más allá de las cortas miras que a menudo nos ponemos encasillando a las personas como no “dignas” o no “suficientemente válidas” para llegar al más alto grado de santidad:

«Para ser santos, os recuerdo que vuestras virtudes tienen que ser heroicas. ¿Cómo me decís: “Bueno, me conformo sólo con salvarme. Con no ir al infierno. Aunque tenga que estar en el Purgatorio hasta el fin del mundo”? ¡¡No sabéis lo que decís!!

Hijos míos, si una persona que ha recibido tanto, se conforma sólo con eso, corre mucho riesgo. Y riesgo no sólo de estar en el Purgatorio hasta el final de los días, sino riesgo de Condenación.[1]»

Ella misma vivió su proceso de madurez cristiana y quienes la conocían la vieron avanzar progresivamente en santidad. Cuando contaba su testimonio en directo, cada vez le daba un matiz distinto y más elevado con el paso del tiempo. Tenía una gran inteligencia que la ayudaba a exponer sus ideas y contar sus vivencias con claridad y precisión. Los que la escuchaban contando sus experiencias de fe, empatizaban con ella y muchos lloraban emocionados tocados por la Gracia de Dios.

Aunque era tímida, siempre que se lo pedíamos, se superaba y contaba su testimonio.

Su aspecto externo también fue evolucionando con el tiempo. Era una chica muy elegante que sabía conjuntar perfectamente la ropa que llevaba e incluso daba continuos consejos a sus hermanas. Después de su conversión fue evolucionando en su estilo de vestir y también en sus prioridades. Decía: “Ahora me toca una fase de desprendimiento de la belleza física para dar paso a un embellecimiento del alma.”

[1] Tomo III: Mensaje de Jesús del 23-12-2015

Mer sentada en el hospital Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó con el pelo cortado
Mer tras la quimio Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó tras el tratamiento de quimioterapia

Poco tiempo después de ser diagnosticada de cáncer, el 6 de enero de 2020 se cortó su larga melena y se la ofreció a Jesús como regalo de Reyes.

La medicación para el cáncer también influyó en su aspecto físico, pero no en su disposición de encontrar la belleza en su interior: “Pensaba que iba a impresionarme mucho verme sin pelo, pero la verdad es que me veo guapísima.”

Un santo no es solo aquel que realiza obras de santidad y busca la santidad solo para sí mismo, sino que además proyecta ese mismo deseo de santidad en sus hermanos y desea elevarlos a esa dignidad de Hijos de Dios en grado excelso sin medias tintas. “Que los demás sean más santos que yo con tal de que yo sea todo lo santo que pueda.” dice una de las famosas letanías de la humildad del Cardenal Merry del Val. Aquí radica la diferencia entre bondad y santidad.

VillaMercedes

Las personas espirituales suelen tener los pies en la tierra y el corazón en el Cielo: «porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.[1]» Mercedes no era una excepción. Siempre hablaba con fervor del Cielo, pero ese entusiasmo se intensificó en su etapa final. Unas horas antes de acudir a la que sería su última visita a urgencias, pasó la tarde con su mejor amiga Teresa y bromeaban sobre la casa de Mer en el Cielo: “VillaMercedes”. Teresa lo recuerda así:

«La historia de VillaMercedes fue simplemente que el día 5 de agosto de 2022 en mi casa, hablando de su tumor recientemente descubierto en la médula espinal zona dorsal, me comentaba que no sabía cuáles eran los planes de Jesús para ella, porque claro “yo no soy cualquiera, soy Mercedes Cujó” decía entre risas, mientras me aseguraba que no tenía ningún miedo a la muerte: “me da pena por mis padres, pero nada más”.

Yo le manifesté mi preocupación de perderla de vista en el Cielo, muy consciente de estar delante de una gran santa y le decía algo parecido a: “va a tener que hacer Jesús un gran esfuerzo en mi alma para que podamos estar cerca en el Cielo, Mer. Te estás distanciando mucho. Llevas tanto sufrido que debes estar tan arriba que no te voy a ver. Tu casa va a ser espectacular “VILLAMERCEDES” ya me invitarás porque no me imagino un Cielo sin verte”.

Se reía y me decía que “de eso nada, ya sabe Jesús que las amigas tenemos que estar juntas” y que de estar ella sola en VillaMercedes nada, que “qué aburrimiento” y que “si no, ¿qué sentido tiene todo?” (ella ofrecía por todos… unía sus méritos a los de Jesús y ofrecía sus sufrimientos sin cesar por todos nosotros).[2]»

 En uno de sus pensamientos expresaba: “La visión de eternidad me hizo desear e ilusionarme con el Cielo y aspirar a la Santidad.”

«Las personas marianas son eminentemente alegres. No quiero decir con esto que la vida les va a sonreír materialmente. Puede que incluso se le hunda toda su fortuna, pero la persona no pierde la esperanza ni la alegría. No es en fortunas humanas donde tiene su meta y su tesoro. Su meta y su Tesoro lo tiene en la Fortuna divina, que es el Cielo.[3]»

[1] Mt 6, 21

[2] Testimonio de Teresa Mazzuchelli

[3] Tomo III: Mensaje de Jesús del 17-09-2015

Mer y Teresa Min Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Teresa Mazzuchelli y Mercedes Cujó

Mer hablaba muchísimo del Cielo. Le encantaba decir “la meta es el Cielo”, “qué pasada el Cielo…y estaremos allí para siempre”: «Sabedores de que somos colaboradores de la Obra de Dios en nosotros, hay siempre una aspiración en lograr la perfección humana en todas las virtudes, tendiendo a “Siempre Más y Mejor” hacia Arriba,[1] pues nuestra meta es el Cielo y nuestros modelos los Santos que dan la vida por imitar las perfecciones de Jesús y María.[2]»

Vicky y Cris, hermanas de Mer, recuerdan la pasión de Mer por el Cielo:

«En una cena que tuvimos en casa de un amigo después de ir a Misa juntos y rezar el Rosario ante el Santísimo por las almas del purgatorio (es una actividad que hacemos mensualmente desde hace varios años), en un momento dado, estábamos solo las chicas en el salón, con la música puesta, y empezamos todas a bailar. Mer dijo: “qué pasada el Cielo, ¿os imagináis todas bailando juntas en el Cielo por toda la eternidad? Me imagino cuando vaya llegando cada una y la vamos recibiendo el resto bailando, bailaremos también con San Miguel Arcángel” y todas nos reíamos imaginando cómo sería ese momento.

Pocos días antes de su fallecimiento, Mer volvió a mencionar el Cielo. Había recibido uno o dos días antes la noticia de que tenía varios tumores en la médula, pero el pronóstico de los médicos era bueno, simplemente había que operar. No estaba nada preocupada, le quitaba toda importancia, incluso bromeaba con sus tumores. Cris le dijo: “Mer, no hables tanto del Cielo, que aún te quedan muchos años con nosotros aquí abajo”.[3]»

El 20 de marzo de 2020, recién estrenado el confinamiento salió en los medios de comunicación la noticia de que la Iglesia concedía indulgencia plenaria a los enfermos de Covid y sus cuidadores. Comentando esta inmensa gracia con su amiga Teresa tuvieron la siguiente conversación:

«Mer: Si me muero ofrece las indulgencias hasta que te haga un guiño desde el Cielo. Me tenéis que sacar del Purgatorio entre todos rápido.”

Teresa: lo mismo te digo que yo voy a tardar mucho más en hacer el guiño. Soy un granito a tus pies de Santaza.

Mer: JAJAJAJAJAJA. No lo creo. Ay Tere… que va… no pienses así. Cada uno tenemos lo nuestro. Pero lo bueno es que la Iglesia es muy generosa y ofrece muchas cosas para salvarse. (…) En fin si es que Jesús es tan bueno. Nos está preparando a todos para el Cielo, para cuando llegue ese momento que solo Él sabe.[4]»

Y ese guiño llegó dos años después. Teresa recuerda que el día 6 de agosto de 2022, por la noche, unas horas después de que a Mer le dejase de latir el corazón: «Tumbada en mi cama con una inmensa pena, de repente me siento invadida de una alegría especial, que claramente no es mía. Empiezo a recordar momentos vividos con Mer, todos ellos muy divertidos, como si ella me estuviese lanzando esos recuerdos riéndose y diciéndome ¿Tere te acuerdas? Tuve la certeza interior de que Mer estaba en el Cielo.[5]»

[1] Cfr. Col 3,1ss.

[2] Tomo IV: Mensaje de Jesús del 25 al 30-08-2016

[3] Testimonio de Cristina y Victoria Cujó

[4] Conversación entre Mercedes Cujó y Teresa Mazzuchelli

[5] Testimonio de Teresa Mazzuchelli

Mer andando de espaldas Min Testimonio María Mercedes Cujó Blasco
Mercedes Cujó Blasco
«Esto quiero que les manifiestes hoy a ellos: la Gracia de estar hoy en día en mis manos, que el mañana traerá su afán. El vivir con alegría el momento presente, sabiéndose en manos de Dios, confiados como niños. Que Dios ya ve… Dios ya oye… Dios ya sabe y es Providente. Dios ya os dará en cada momento lo que necesitéis.
Mensaje de la Virgen del 23-11-2010»
Confiad abiertamente en Dios. Se abrirán para vosotros campos inmensos de flores.