De una hija agradecida

COMO EN LAS BODAS DE CANÁ

Llegué a los Libros por pura Providencia. Y como yo ya estaba consagrada a María, sé que ocurrió a través de su mano.
No sabría decir en qué momento cambió todo. Sólo sé que estos Libros fueron «mis Bodas de Caná». María le había dicho antes a Jesús: «A mi niña le falta el vino». Ella era mi protagonista, pero poco a poco se fue echando a un lado, así como diciendo: «Haced lo que Él os diga». Así que eso hice yo.

De alguna forma, a través de la lectura de estos Libros, Jesús me pidió mi agua, mi nada. Y luego transformó el agua en vino. Pasé de una espiritualidad aguada, insulsa, con dudas sobre la Eucaristía… a una espiritualidad eminentemente eucarística, sabrosa, con cuerpo… Su Cuerpo y Su Sangre.

Y aunque María se colocó en el lugar que le correspondía, nunca dejé de amarla. Simplemente, mi amor por Ella fue purificado.
En la actualidad, María sigue cuidándome y llevándome día a día a Jesús. Y mi devoción a la Virgen, aunque purificada, sigue intacta.