Desde que un amigo me invitó a leer los libros, ya concluí los Tomos I y II, y voy a principios del Tomo III, han ido produciendo en mí un mayor amor a Jesús y a María; tal vez antes también los amaba, pero mi fe se limitaba a la asistencia dominical. Aunque he estado desde mi infancia en grupos parroquiales, tenía una espiritualidad de «cumplir» y de «agradar».
Hoy te puedo decir que asistir a misa entre semana es una necesidad y un gusto. Recuerdo frases que he leído como: «No soportaré que no vengas hoy a comulgarme, así que pospón esa cita» (9-nov-2012). Rezamos el Rosario con mayor frecuencia; hay meses que lo rezo a diario, aunque en otras ocasiones me cuesta más. Soy consciente de ello y, curiosamente, cuando más lo rezo es cuando mi esposa, me invita. Me impactó mucho este mensaje: « Si vuestra casa se derrumba, id a por un Rosario y salid de allí sólo con eso. Es el objeto más preciado que debéis salvar y el arma más poderosa para vencer a vuestros enemigos, la protección más certera del Cielo y lo que necesitáis para empezar una nueva vida, si la anterior se os ha derrumbado bajo vuestros pies» (11-mayo-2011).
Los libros me han ayudado a desarrollar un mayor fervor. Sé que hay mucho que mejorar, y siempre le pido a Dios la gracia de amarlo más y mejor.
Siento avances especialmente en la confianza. Antes vivía momentos de tristeza o mal humor porque las cosas no salían como yo quería o en el tiempo que yo pedía. Pero hoy resuena en mi corazón que todo fue creado por Dios, que no hay imposibles y que todo bueno o malo colabora en la economía de la salvación. Ayer, mientras regaba unos árboles en el parque, hablaba con Dios frente a un árbol casi seco que tenía apenas unas ramitas verdes. Le decía: «Señor, tú tienes el poder de hacer de este árbol el más frondoso de todos, basta que Tú lo quieras».
De la mano de María se alcanzan muchas gracias. En el rosario incluimos algunas jaculatorias, como: «Ata el corazón de mis hijos a tu Inmaculado Corazón, oh María».
Soy consciente del camino que falta en mi conversión, pues como dice San Pablo: «No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago» (Rom 7, 19). Pero no me desanimo; quiero seguir dando la “buena batalla” y trabajar siempre para que Dios nos encuentre con la lámpara encendida y el vestido de fiesta en todo momento. Quiero dar testimonio de Su amor, principalmente a mis hijos y a quienes me rodean.
Muchas gracias, Marga, por ser un fiel instrumento del Señor. No sabes la alegría que me da leer los mensajes de la VDCJ;
¡¡¡¡Gloria a Dios por los mensajes de la VDCJ!!!!»