Guillermo García de Vinuesa

Ciudad de México, 07 de mayo de 2026

A mediados de 2019, mi guía espiritual me recomendó el primer tomo de los libros de la Verdadera Devoción al Corazón de Jesús. En ese momento llevaba más de 35 años queriendo vivir de forma seria y comprometida mi relación con Dios: frecuencia de sacramentos, oración diaria, rosario, dirección espiritual, retiros anuales, etc. Sabía que esas prácticas me ayudaban a ser mejor en mi familia (como esposo, padre, hijo, etc.), en mi trabajo, en mi relación con los demás y, sobre todo, a conocer y tratar más al Señor. Sin embargo, el libro revolucionó mi interior, entendí mucho mejor -más profundamente- el Amor que me tiene Dios, más concretamente Jesús, su Corazón de Carne y, a la vez, también entendí lo solo que está, cuánto me necesita, cuánto necesita de mi amor y qué poco le doy. Creía que al cumplir con esas prácticas espirituales ya estaba siendo generoso. Entendí que lo que Él necesitaba era mi amor verdadero, mi corazón de carne, mi corazón apasionado como el Suyo. Ahora, mi relación con Él es otra, más íntima, más cercana, más real, más humana y más espiritual, más apasionada, más confiada. ¡Una gozada de relación!

Me devoré el libro y busqué los otros y los leí todos, ya los he leído 5 veces. Los llevo a la oración, a veces leo un párrafo otras veces varias hojas. Cada vez que los leo me dicen cosas diferentes. Con frecuencia me sorprende que la parte que leo, es el mensaje que necesito en ese momento para mi alma.

Además, aunque vivo en México, tuve la suerte de que mi hermano, que vive en Madrid, pudo contactar con Marga y tuve la bendición de poderla conocer en julio de 2020, hablar un buen rato con ella y volverla a ver varias veces. Lo que veo en ella es lo que dice Jesús en los libros, una persona sencilla, humilde, con las ideas muy claras, doctrinalmente bien formada, respetuosa, alegre y llena de paz.

Le doy muchas gracias al Señor por los libros y a Marga por haber sido (ser) un instrumento fiel y dócil a lo que el Señor quiere.

Atentamente,

Guillermo García de Vinuesa