¡Jaire María!
Me llamo Marian Guerrero y soy de Palma de Mallorca. Estoy tan agradecida al Señor por la VDCJ, y pienso que hace tanto bien a las almas, que mi deber es cantar Sus maravillas. Mi testimonio va a ser prolijo en detalles, por lo que lo dividiré en cinco secciones para facilitar su lectura.

¿CÓMO CONOCÍ LA VDCJ?

Soy de conversión tardía (el 25 de octubre de 2015, a mis 29 años) y llegué a los Libros providencialmente, como a principios de 2017. Al pasar por unos contenedores, me llamó la atención una preciosa talla del Sagrado Corazón de Jesús, muy bien conservada, que estaba sobre el suelo. La cogí y la llevé conmigo.
Entonces decidí buscar información sobre esta devoción. Curiosamente, di con los Libros de la VDCJ antes que con la obra de Santa Margarita María de Alacoque.
Compré el primer volumen y lo empecé a leer con mucha cautela. Si bien no soy escéptica, no soy muy dada a creer con facilidad en este tipo de revelaciones si no están aprobadas. ¡Hay tantos falsos profetas! Así que lo cogía, lo dejaba por una temporada, lo volvía a coger… Así, durante un buen tiempo. Y es que yo prefería la comodidad de lo que ya está aprobado. Sin embargo, algo (Alguien) siempre me hacía volver a retomarlo.
Confieso que, por temor a las profecías que allí se recogen, tenía un profundo deseo de que estas revelaciones fueran falsas. No obstante, tampoco quería dictaminar su autenticidad o no en base a mi temor. Yo buscaba, simplemente, la Verdad.

EL PUNTO DE INFLEXIÓN

Pasó un tiempo y terminé el primer tomo. Todavía no tenía claro si esto era auténtico o no, pero, por el bien que me hizo, decidí regalárselo a un amigo.

Meses después, este amigo (Fulanito) organizó una comida en su casa. Éramos unas cinco o seis personas. En la sobremesa, otro amigo (Menganito) nos animaba a evangelizar escribiendo, al igual que hacía él. Yo, con completa desfachatez, me jactaba de tener el don de la escritura y de no usarlo. «Tengo el don de escribir, pero no lo uso», dije riendo ante todos. Y luego, dirigiéndome a Menganito, añadí: «Y no, no voy a escribir. Si quieres, corrijo tus faltas» ―pues el pobre no era muy diestro con la ortografía.

Al rato, mi mirada se dirigió a un rincón de la sala: ahí estaba el Libro de la VDCJ. Se veía como una ranurita entre las páginas, y a mí me llamaba poderosamente la atención. Necesitaba saber lo que ponía ahí. Así que avisé a Fulanito, cogí el Libro, y lo abrí justo en ese punto. Era un mensaje del 10-09-1999.

Hice callar a todos y comencé a leer en voz alta:
«[…] ¡Despertad! Que cada uno medite en su interior y vea todo lo que ha recibido. Descubriréis que sois ricos, no pobres como pensáis, y que como ricos desalmados, os habéis vuelto egoístas, intentando contener en vosotros solos todos esos tesoros, bebiendo y embriagándoos de la superabundancia de Dones. ¡Dadlos a los demás! A vuestra puerta se agolpan los hambrientos, los sedientos. Dad gratis lo que recibisteis gratis. Los Dones de Dios son para compartir […]. ¡Cuánta tristeza, cuánta indigencia en el mundo! Mientras, los ricos banquetean escondidos en su sombría mansión. ¿No os apena ver el estado de vuestros hermanos?…».

Mi cara, mientras iba leyendo, era un poema. Me puse roja como un tomate. ¡Menuda reprimenda me había echado el Señor! Merecido lo tenía. Aun así, me lo tomé con humor. Así fue como me había corregido Él: con firmeza, pero con humor y mucho amor.
Quedé tan impactada, que fue entonces cuando me tomé en serio no sólo lo de escribir, sino también lo de leer y discernir todos estos Libros.

CONOZCO A MARGA

Conocí a Marga en mayo de 2023, después de seis años de discernimiento, cuando ya creía que la obra de la VDCJ, bajo mi punto de vista, era de Dios. Y si entonces no tenía dudas de su autenticidad, después de conocerla menos aún. Me encontré con una persona equilibrada, muy sencilla y humilde, sin afán de protagonismo. Una mujer llana que no está centrada en sí misma, sino que, como nuestra Madre, siempre dirige hacia Dios. De ella he aprendido que, cuando alguien se te acerca pidiendo consejos sobre qué decisiones tomar, lo mejor es decirle que vaya al Santísimo y se lo pida a Jesús mismo. Y luego, si acaso, que lo hable con su director espiritual.

DONES Y FRUTOS

a) Locura eucarística:
En los comienzos de mi conversión, tuve una batalla respecto a la Eucaristía. Aunque iba a Misa a diario, me costaba creer que Jesús estaba realmente en el Pan y Vino consagrados. Aceptaba lo que enseña la Iglesia, pero me era muy difícil experimentarlo… y, por ello, la duda siempre planeaba sobre mí. Sin embargo, estos Libros me han llenado de fe y fervor hasta llegar a tener una verdadera «locura eucarística». Ahora creo firmemente en la Presencia total y real de Jesús en el Santísimo Sacramento, y mi relación con Él ha mejorado. También hago adoración diaria, y el Señor me ha impulsado a dirigir unas adoraciones mensuales en reparación a Su Santa Faz.

b) Consciencia de mi egoísmo:
Estos Libros me han ayudado a tomar mayor consciencia de mi egoísmo y miseria, y a vivir esa consciencia no centrada en mí (que es lo que lleva a los escrúpulos), sino en Dios. Aceptar con paz mis limitaciones y arrojarlo todo en Su Misericordia.

c) Confesión semanal:
Antes de leer los Libros de la VDCJ, me confesaba una vez al mes, e incluso podía pasar más tiempo. Tras leerlos, me confieso cada semana. No es a raíz de ningún mensaje en concreto, sino que es una gracia que yo veo que Dios me ha dado.
No tiene nada que ver con escrúpulos, pues los escrúpulos los tuve durante el primer año de conversión. Ni siquiera entonces me confesaba con frecuencia, pues no le daba mucho valor a este Sacramento. De hecho, como muchas veces veía que mis escrúpulos continuaban tras la Confesión, veía inútil hacerlo de nuevo.
En la actualidad, la Confesión semanal me da muchísima fuerza.

d) Comprensión de la Palabra:
Estos Libros no me han alejado de la Biblia, sino al contrario. De hecho, me han ayudado a comprender pasajes que no comprendía. Ahora, cuando leo la Palabra, percibo más su riqueza.

e) Paz frente a posibles acontecimientos futuros:
Con la lectura meditada de todos los Libros, ha desaparecido el miedo a las profecías. Y no sólo vivo sin miedo, sino que, aun sabiendo lo que puede ocurrir si no nos convertimos, vivo confiada y en paz.
También doy gracias a Dios porque no son las profecías lo que me interesa de los Libros, sino Su Mensaje de amor (si bien las profecías son amorosas advertencias). No tengo curiosidad en este aspecto.

f) Dones al servicio:
Los Libros de la VDCJ me han impulsado a poner mis dones al servicio de los demás. Y aunque constantemente tengo una lucha contra la pereza, que muchas veces me vence, no me abandono a mi comodidad.
Ruego oraciones para perseverar.

g) Amistades santas:
Antes de la VDCJ, muchas veces sentía que conocía a gente muy buena, pero no percibía en ellos un verdadero anhelo de santidad. En el entorno que rodea a la VDCJ, he conocido a personas santas y con deseo de santidad, que buscan diariamente conversión y que se toman en serio su fe. Gente que, aun con debilidades humanas, busca por encima de todo la Voluntad de Dios. Estoy infinitamente agradecida a Dios por ello.

h) Tantos otros de los que seguramente no soy consciente.

UNA ANÉCDOTA PRECIOSA Y DIVERTIDA

Quiero terminar con una anécdota divertida.
Resulta que una persona (Zutanito) ―a la cual quiero mucho― se marchaba a vivir fuera de Mallorca. A Zutanito no le gusta llevar pulseras ni collares, pero en mi interior me sentí impulsada a regalarle una medalla-escapulario y el último tomo de la VDCJ como “despedida” (Los tomos se han de leer en orden, pero el quinto va aparte).

Cuando le di el escapulario, ocurrió lo que me temía: lo agradeció de corazón, pero me confesó que no se lo pondría. En un momento de silencio, mientras contemplábamos el paisaje, le dije interiormente a la Virgen: «Vamos, Mamá, haz que cambie de opinión. Tú puedes. Tú me has hecho comprarlo. ¡Haz que lo lleve si es tu deseo!». Luego le dije a Zutanito con confianza: «¿A ver? Abre el Libro de la VDCJ, a ver qué te dice». Después de rezar, lo abrió. Le tocó, precisamente, un mensaje de la Virgen, del 10-05-2018. Decía:

«[…] Que nadie entre los míos desprecie esta piedad popular. Yo, vuestra Madre, la quiero y la amo. Amo vuestros honores prestados a Dios a través de Mí en todos los actos populares que hacéis. Sabed que ni una simple margarita puesta por vosotros en mi Trono, es tomada como desprecio. Al revés: todo, Dios Nuestro Señor, os lo cuenta. Os cuenta todos los honores tributados a su Madre. Él también es Hijo agradecido y bien-nacido, como vosotros decís. “Es de bien-nacidos ser agradecidos.” Y todas las alabanzas que me reputáis dándome gracias, hace que Dios nuestro Señor os las sea tenidas en cuenta. Hasta la más pequeña…».

Me entró la risa. Y Zutanito ni se podía creer lo que estaba leyendo. Vio claramente cómo la Virgen le animaba a llevar el escapulario. Y… ¡eso hizo Zutanito finalmente! Doy fe de que ahora no se aparta de él.
Lo que no consiga nuestra Madre…

A.M.D.G.
Palma de Mallorca, a 1 de octubre de 2025,
fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.