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Testimonios de Vida
Todos estamos llamados a la Santidad
La mística y la santidad es para todos. Hay personas que por prejuicios o falta de formación cristiana, piensan que ser santo es solo un coto privado de las personas consagradas, y se privan de recorrer y profundizar en este Camino que Dios ha dispuesto para toda la humanidad: «Te elijo a ti para que todo el mundo vea que esta Devoción es para todos. Porque tú eres una persona normal, como ellos. De tu tiempo.[1]»
Por el Bautismo, todos los creyentes estamos llamados a la Santidad de vida y por medio de la Gracia, nadie está exento de no alcanzarla:
«Ellos rehúsan su trato Conmigo bajo la excusa de: “Esa unión tan profunda no es para los hombres como yo. Es sólo para los grandes santos. Dios a mí no me llama y no me solicita para eso.”
¡Pero he aquí que Yo hoy llamo y solicito así a toda la Humanidad! ¡Son las Gracias de estos Tiempos! Es mi Llamado actual.
Margarita: por eso tan importante tu Mensaje, por eso tan importante.[2]»
El carisma de la VDCJ es para todos; por supuesto para sacerdotes y personas consagradas, pero los laicos no nos tenemos que sentir excluidos. Cualquier persona está llamada a vivir en plenitud su vocación cristiana: en la vida consagrada, en el trabajo, en la familia, en el matrimonio, en el ocio… “Es la hora de los laicos”, tal y como anticipaban las conclusiones del Concilio Vaticano II y su misión en la Iglesia tiene cada vez más importancia:
«Y es que quiero que vean y entiendan por tu medio, ¡que Yo les llamo a cualquier cristiano a todo esto! ¡Que esto no es sólo y no corresponde sólo a una vocación consagrada, sino que esto es para todos los mortales! Porque a todos os ha llamado Dios a uniros a Él. Y a todos en grado excelso, porque en grado excelso os ama. [3]»
Jesús anima a seguir este camino a todo cristiano – sea consagrado o no – y revela que lo más importante no son las cualidades personales, sino la confianza y la fe en que será Él quien hará todo. La única condición que nos pone es querer y poner a su disposición lo poco o mucho que tengamos:
«¡Qué pocos venís, hija! ¡Qué pocos! Pensáis que habéis de ser gentes especiales, con especiales cualidades. ¡No! La cualidad única que quiero de vosotros, es la fe y la confianza en que Yo lo voy a hacer. En que Yo voy a hacer lo que prometo. Pero ¡qué pocos tenéis esa Confianza en mis Promesas!
¡No se necesitan especiales cualidades para seguir esta Devoción, este Camino de Amor! Tan sólo querer. Querer tener la confianza puesta en mis Promesas, y en mi Misericordia.[4]»
Este es el camino que descubrieron Teresita, Mercedes y el Padre Ángel María Rojas, una existencia transformada por el Amor de Jesús en el que las vicisitudes y sufrimientos de la vida son nada comparado con alcanzar el Cielo y ayudar a otros a llegar a él. Tres ejemplos de vida en el que el camino de la santidad no entiende de edades ni tampoco de estados de vida. Está abierto a niños, jóvenes, personas mayores y es válido tanto para consagrados como laicos.

Mercedes Cujó Blasco
